EEUU entrega Afganistán a los talibanes

 Tras 20 años, la presencia del ejército estadounidense en Afganistán llegó a su fin. Dos décadas de guerra que terminaron en desorden, confusión, miles de evacuados y una mancha difícil de borrar para la administración de Joe Biden. Los talibanes celebraron la retirada de Afganistán con vítores y disparos al aire en un país sumido en la desesperación. Los últimos aviones militares despegaron del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de Kabul minutos antes de la medianoche, antes del inicio del martes 31 de agosto en esa zona horaria.



A partir de la toma de la capital, el pasado 15 de agosto, el mundo observó atento imágenes desgarradoras. Personas cayendo desde las puertas de los aviones, bebés siendo levantados al aire para ser recibidos por soldados al otro lado del muro, y muchos afganos con papeles en mano tratando de demostrar que colaboraron para otros países para que les permitieran subir a un vuelo. Fue y sigue siendo un episodio trágico donde no todos lograron salir.


“Hay mucho dolor asociado a esta salida. No hemos podido sacar a todos los que queríamos sacar», declaró ante la prensa Frank McKenzie, general de la Infantería de Marina y jefe del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM). Todos los vuelos, incluidos aquellos de otros países, pudieron sacar a unos 123000 civiles según cifras del funcionario.


Los expertos y analistas coinciden en las consecuencias. El error de una evacuación apresurada dejó a EE. UU. como «el perdedor de otra guerra» y la posibilidad de que otros grupos terroristas se instalen en Afganistán. Por más que el presidente demócrata asegurara que no había manera de retirarse sin generar «caos», otros especialistas aseguran que sí había formas adecuadas de ejecutar la retirada. Pero entre muchas cosas, faltó exigir garantías a los talibanes y presionar para que respeten los derechos humanos de los afganos.


Las mujeres y niñas serán las más afectadas. Invisibilizadas durante el anterior gobierno del Talibán, habían logrado recuperar sus libertades una vez que estos fueron derrotados por Estados Unidos. Sin embargo, ahora, con la retirada estadounidense de Afganistán, sus libertades retrocedieron.


Muertes y terrorismo

La Casa Blanca descartó cualquier presencia diplomática permanente en el país asiático a partir del 1 de septiembre, en su lugar el equipo será trasladado a Doha, Qatar, según el secretario de Estado, Antony Blinken. El embajador en funciones, Ross Wilson, dejó el país en uno de esos últimos aviones. Por lo pronto, el gobierno estadounidense ha negado el reconocimiento a un gobierno del Talibán, aunque sí ha mantenido conversaciones con el grupo islámico los últimos días de la retirada.


Si nos remitimos a los talibanes. Ellos mismos aseguraron que la democracia no tendrá lugar en su forma de gobierno. «Es la ley sharía y eso es todo», vociferó uno de sus portavoces. El pasado 19 de agosto anunció que estaban en conversaciones para crear un Consejo de Gobierno, a su vez dirigido por un comandante que fue jefe de los Tribunales de la Sharía en la década de los 90. Con la retirada definitiva de EE.UU. aprovecharon para tomar el resto de arsenal militar que faltaba.


Supuestamente los talibanes tienen como enemigos a ISIS-K, una facción del Estado Islámico (EI) que los critica por no ser «lo suficientemente devotos» del islam. Ellos, tras el avance del Talibán y la evacuación en el aeropuerto de Kabul ejecutaron el ataque suicida que dejó 13 soldados estadounidenses y tres ciudadanos británicos muertos. Sumados a otros 161 cuerpos que llegaron a hospitales.


Fue necesario el fatal episodio para que Biden reconociera —parcialmente— su responsabilidad en la retirada de Afganistán.  «Los perseguiremos y haremos que paguen», dijo ante los medios. Era la primera vez desde la toma de Kabul que permitía a la prensa hacer preguntas. Posteriormente se supo que EE.UU. atacó al Estado Islámico dando  muerte «al objetivo». No obstante, el Pentágono sigue investigando si hubo civiles muertos durante el ataque del dron. «Nunca debió haber sucedido», declaró el expresidente Donald Trump sobre el atentado.


Como última novedad, se supo que EE. UU. habría frustrado otro ataque contra el aeropuerto de Kabul. Cinco proyectiles fueron disparados contra las instalaciones. Según el subdirector de Logística del Estado Mayor, general Hank Taylor, tres de los cohetes cayeron junto al aeropuerto, mientras que dos fueron interceptados por el sistema de defensa antiaérea de los estadounidenses, sin ocasionar víctimas, replicó EFE.


Que no se convierta en capítulo cerrado

Eso espera la comunidad internacional. Que la crisis en Afganistán no sea olvidada cuando EE.UU. y los demás países ya no estén presentes en ese territorio. Aunque ahora deban encargarse de miles de desplazados, sigue existiendo una responsabilidad con quienes no pudieron salir. Paralelamente, una serie de organismos deberá exigir el respeto de derechos humanos y cumplimiento de leyes.


Con el fin de seguir rescatando ciudadanos occidentales, colaboradores afganos y otras personas necesitadas de protección que siguen en Afganistán; la canciller alemana, Angela Merkel, se reunió telefónicamente con el presidente francés, Emmanuel Macron, planteando la necesidad de abrir una vía civil para sacar a dichas personas.


Rusia y otros países centroasiáticos iniciaron ejercicios aéreos cerca del mar Caspio para supuestamente hacer frente a acciones terroristas y un conflicto armado en Afganistán. Pero son bien conocidas las intenciones que podría tener Moscú en la avanzada del Talibán. Por ejemplo, crear un «axis» o sinergia junto a otras naciones como Irán y China, que les sirva para «solidificarse en la región y planificar acciones contra EE. UU».


El episodio que decantó tras la retirada de Afganistán tampoco ha terminado. Los afganos deberán padecer un régimen extremista, llenos de miedo porque una sola violación de la ley sharía podría incluso significar la muerte. También habrán peligros para occidente por la amenaza latente de un ataque terrorista, producto del fortalecimiento de estos grupos en el corredor de Asia Central.


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