Tucumán: condiciones inhumanas y corrupción GUBERNAMENTAL mata a 4 presas

 En la provincia de Tucumán, el fin de semana negro se presentó. Las condiciones carcelarias más horrendas en la administración de Mansur y el perononismo, mató a 4 presas en incendio.


La versión oficial está sujeta a la corrupción y condiciones carcelarias inhumanas


“Mañana va a estar la guardia de ‘Magui’. No sé lo que va a pasar”, le advirtió Macarena Maylén Salinas (22) a su familia desde el teléfono de la Brigada Femenina de Concepción, en Tucumán. Fue el miércoles a la noche. Al día siguiente, a eso de las 17.30, Maylén, junto a Yanet Yaqueline Saquilan (23), Rocío Micaela Mendoza (22) y María José Saravia (25), sus tres compañeras de celda, murieron en un incendio.


La versión policial sostuvo que el fuego se originó por un cortocircuito de un foco que habría roto Maylén. Pero su familia la desmiente y denuncia distintas cuestiones que sucedieron a lo largo de su detención (había ingresado en febrero pasado). En especial, por la mala relación entre las fallecidas y “Magui”, que es Margarita Rodríguez, una de las policías a cargo de la Brigada, ahora separada de sus funciones.


“Ella le vendía ropa a las chicas”, afirma Raúl, uno de los hermanos de Maylén. “Mi hermana le debía 2.500 pesos. Dos semanas antes del incendio, ella misma nos llamó para amenazarnos: ‘Si no pagan la deuda de Maylén, la voy a perjudicar en un eventual traslado’", añade.


"Nosotros le pagamos el domingo 29. Ese día le entregamos un equipo de música para Maylén y Margarita lo rompió. Cuando le contamos a la jefa de guardia, nos dijo que ella lo iba a pagar, siempre y cuando no denunciemos nada”, sostiene.


Raúl cuenta que los problemas comenzaron el 18 de julio pasado. Al parecer, “Magui” les prestaba su teléfono celular a las presas, que contaban con el efectivo que les dejaban sus familiares para que las policías les compraran comida.


Esa noche, Maylén subió una foto a su perfil de Facebook: se mostraba junto a sus compañeras tomando latas de cerveza. En la celda. Cuando Raúl vio la foto, dice que le preguntó: “¿Hermana, qué hacés tomando si estás presa?”. Por ese, asegura que “desde esa noche, Margarita se ensañó con ella”.


Macarena Maylén Salinas

Salinas tenía una hija de 4 años y había sido detenida en febrero. Se presentó en un hospital, la demoraron y le saltó un pedido de captura de 2020, por "robo agravado". Su marido fue el que cometió el asalto, pero ella estaba en la moto en la que llegaron. La condenaron a 6 años y 8 meses.


Durante su estadía en prisión, su pareja fue asesinada. Y una tarde la llevaron en patrullero hasta la puerta de la Unidad 4 de Banda del Río Salí. La excusa para no recibirla fue la falta de plazas y los casos de Covid-19 positivos. Entonces regresó a la Brigada.


Otra prueba que tiene la familia Salinas es una carta que les entregó Maylén. Allí, la mujer afirmó que la guardia en cuestión habría dado la orden para que Saravia fuera cambiada de celda. Y habría recibido órdenes y reproches por parte de las mujeres policías: el pedido fue pegarle a la interna Mendoza apenas reingresara a su celda y la recriminación implicaba a Salinas: “¿Por qué te dejás mandar por ella?”.


Salinas, en la carta, le aseguró a su familia que no iba a permitir que Saravia golpeara a Mendoza. Otra acusación es sobre la estadía de una quinta detenida, única sobreviviente de la tragedia, quien estaba presa por tráfico de drogas, según pudo saber Clarín.


“Es la única que vive en otra celda y sale a comer al comedor, con el resto de las policías. Durante el día puede acceder al patio. A nosotras nos dejan encerradas todo el día”, contó Maylén.


“En la morgue vimos el cuerpo de mi hermana y notamos que tenía marcas de golpes en sus piernas. Creemos que antes de morir, les pegaron y las verduguearon. No nos cierra la versión del cortocircuito. Creemos que las dejaron morir, y dudamos de si no las prendieron fuego. Estamos buscando apoyo de colectivos de mujeres, pero no vemos convocatoria como cuando hay un femicidio”, se lamenta Raúl.


Clarín intentó comunicarse con Luis Ibáñez, secretario de Seguridad de la provincia, pero no respondió los mensajes.


Yanet Yaquelin Saquilan

Marta era cuñada de otra de las fallecidas, Yanet Yaqueline Saquilan. “Las dejaron morir. No hay otra explicación. Si fuese cierto lo del foco, ¿cuánto tiempo les podía llevar abrir la celda? Las policías estaban a tres o cuatro metros de la celda. No es que se trató de un penal con 300 presas y se incendió un pabellón del fondo. No. Solo tenían que cuidar a cinco presas. Yo escuché a un médico forense contar que las cuatro chicas se abrazaron antes de morir, del miedo que tenían”.


Al igual que la familia de Salinas, dice haber visto marcas de golpes en el cuerpo de una interna. Pero de otra, Mendoza. “Yanet nos contó que a ella le pegaron cachetazos una vez. Las cuatro chicas tenían problemas con la misma guardia”, asegura Marta. Se refiere a la de “Magui” y otras policías identificadas como Sandra y Susana, que serían las que estuvieron el día del incendio.


Yanet había sido detenida en agosto de 2020. Horas después fue enviada a su casa, con arresto domiciliario. Pero en junio, tras una audiencia, el fiscal de su causa decidió su traslado a la Brigada.


La acusan de “maltrato infantil” de una nena de 3 años que estaba al cuidado de la hermana de Yanet. “Era inocente. La madre de la nena estaba dispuesta a declarar y aclarar la situación. Y estábamos a la espera de un pedido de arresto domiciliario. El 12 de septiembre se cumplía la prórroga de tres meses que le habían dado para cumplir en la Brigada. No podemos creer lo que pasó”. Yanet se dedicaba a la cosecha de limón y arándanos. Tenía un hijo de 5 años.


María José Saravia

José Luís era el padre de María José Saravia. Él también tiene cartas de su hija: "Ahí nos contaba que algunas mañanas las policías las despertaban a baldazos de agua, que a veces pasaban varios días sin comer y que la guardia la amenazaba: si no le pegaba a Mendoza (una de las internas), le iban a pegar a ella. María José le pedía plata a su abuela y decía que era para pagar una deuda que tenía con la policía Rodríguez", señala.


Saravia había sido detenida en abril pasado. Hurtó dos tinturas de pelo de un supermercado de San Miguel de Tucumán. En un juicio abreviado fue condenada a 3 años y 6 meses de pena. Sus hijos tienen 18 meses y 6 años.


"El domingo anterior nos había pedido que fuéramos al Tribunal a pedir su traslado", comenta José. "No quería estar más en ese lugar. Cuando nos llegamos a la Brigada, los vecinos nos contaron que se acercaron con baldes de agua y no los dejaron pasar. Querían ayudar. Nadie se cree la versión del foco. Nunca pensé que en una comisaría le podría pasar algo así a mi hija". 


Rocío Micaela Mendoza

Rocío Micaela Mendoza cumplía una pena de 5 años por el robo de un celular. Llevaba 7 meses en la Brigada. Su mamá se llama Virginia y recuerda que Rocío comenzó a robar por su adicción a la cocaína.


"Dormían las cuatro en una celda de tres por tres. Apoyaban los colchones en el piso", comenta.


De acuerdo a la versión oficial, siete oficiales resultaron heridos y fueron trasladados al hospital. Virginia afirma que no es cierto: "Yo los vi. Ninguno tenía marcas; no estaban heridos. A mí siempre me atendían mal en la Brigada. En especial la guardia de 'Magui', Sandra y Susana".


Virginia tampoco cree en la versión del cortocircuito. Habla de la quema de un colchón por parte de una de las detenidas. Dice no entender cómo los policías no alcanzaron a abrirles la reja. "Estaban a pocos metros de la celda. ¿Cómo no escucharon los gritos? Los vecinos fueron a buscar a los Bomberos y no ellos. Las dejaron morir".


Las cuatro familias se están organizando para realizar una protesta en la puerta de la fiscalía. Hasta el momento aseguran no haber recibido noticias sobre la causa. Apenas les dijeron que los primeros resultados de las pericias y autopsias estarán para este miércoles o el jueves.


Mueren por el fuego en presión

El jueves, cerca de las 17, y en el marco de una protesta, una de las mujeres habría prendido fuego un colchón. “Las cuatro murieron abrazadas”, afirma Virginia. “A la vuelta de la Brigada hay un cuartel de Bomberos Voluntarios. Los vecinos escucharon los gritos y fueron corriendo a buscarlos. ¿Cómo puede ser que los policías que estaban a siete metros de la celda no hayan escuchado nada ni salido a llamar a los Bomberos antes? Las dejaron morir. La celda, además de la cerradura, tenía un candado”, dice Santana.


La mujer plantea una irregularidad más: los detenidos en comisaría no deberían tener acceso a encendedores.


Benito Allende, abogado de Santana, advierte: “Mi clienta sostiene que cruzó al personal policial en el hospital, y que ninguno tenía marcas en sus ropas ni en sus cuerpos. El sistema judicial colapsó en la provincia. En algunas comisarías hay hasta 90 detenidos. Más allá del esfuerzo que debe hacer la familia para llevarles la comida, estando en comisarías no acceden a los beneficios que sí pueden obtener en una cárcel, como las salidas transitorias o libertad condicional. En una comisaría deben cumplir la condena completa”.


El viernes por la noche las familias de las dos detenidas oriundas de San Miguel de Tucumán se acercaron a la Brigada y cortaron la calle por unos minutos. Denuncian que el fiscal Miguel Varela no las recibió, ni les brindó información sobre el estado de la causa.


Irregularidad, abuso de autoridad y condiciones inhumanas carcelarias en el Gobierno Peronista de Mansur


La madre de Micaela Rocío Mendoza (22), la joven que murió en la Comisaría de Tucumán, reclamó justicia: “mi hija no es un perro tampoco para que muera así”.

Luego, Virginia Santana contó que su hija y sus tres compañeras de celda, “murieron abrazadas”.

Micaela Rocío Mendoza había sido condenada a una pena de 5 años por el robo de un celular pero, como no había cupo en la cárcel de Mujeres, se encontraba detenida desde hacía siete meses en la Brigada Femenina de Concepción, en Tucumán.

El viernes pasado, la joven fue una de las cuatro presas que murió durante un incendio que se inició de manera accidental en medio de una protesta. Las presas reclamaban el traslado a la cárcel de mujeres.

Según reportaron los medios locales, eran exactamente a las 17.30 cuando se desató el fuego y los gritos desgarradores que provenían del interior del edificio policial pusieron en alerta a los vecinos, que de inmediato llamaron a los Bomberos Voluntarios.

Sin embargo, cuando estos llegaron, las llamas ni siquiera permitieron que pudieran abrir el calabozo a tiempo para poder rescatar a las cuatro mujeres que se encontraban alojadas en ese lugar.


Micaela reclamaba junto a otras presas el traslado a la cárcel de mujeres. (Facebook)
“Las cuatro murieron abrazadas ¿Cómo puede ser que los policías que estaban a siete metros de la celda no hayan escuchado nada ni salido a llamar a los Bomberos antes? Las dejaron morir. La celda, además de la cerradura, tenía un candado”, dijo Virginia.

Según la versión oficial, el incendio en el que también resultaron heridos siete agentes se desató cuando los guardias se negaron a entregarle una hoja de afeitar a una de las presas y esta, en represalia, “arrojó un objeto a un foco de la celda provocando un cortocircuito que generó el incendio”.

Las familias de las víctimas, en cambio, sostienen que el fuego se inició en el marco de una protesta por las condiciones de reclusión.

“Vivían en una celda de tres metros por tres; dormían en el piso, en unos colchones sucios. No tenían cocina; no podían cocinarse nada. Tampoco podían estudiar, ni trabajar, ni hacer actividades de recreación. Estaban aburridísimas. Sabían que en un penal estarían mucho más cómodas. Y dos de las chicas vivían en San Miguel de Tucumán, a 90 kilómetros. Sus familias no podían viajar a llevarles la comida. Comían gracias a que mi hija les compartía lo que yo le llevaba. Por eso, y por las condiciones de detención, pedían el traslado”, aclaró Santana.


IVANA QUISPE CONFIESA EL DESASTRE TUCUMANO DE LAS CONDICIONES DE LAS 4 PRESAS

Ivana Quispe, es sobrina de Yanet, y nos cuenta sobre la marcha que realizaron en la ciudad de Alberdi, pidiendo justicia y esclarecimiento para el caso:

“Teníamos una relación muy cercana, las dos teníamos la misma edad (23) y un hijo que nació casi al mismo tiempo. Estaba detenida desde agosto que le dieron la domiciliaria, después la volvieron a detener y hacía 7 meses que estaba cumpliendo en la brigada, todavía no estaba en juicio, estaba en investigación su casa. La Brigada Femenina es como una casa grande, ellas cuatro estaban en una pieza de 3x3, nunca he llegado a entrar en ese lugar pero eso me contó cuando hablábamos por teléfono”, revela Ivana.

“Una de las internas venía teniendo un problema con Macarena y Micaela según me contó Yanet. Ella me contó que una de las chicas era preferida de la policía, había dos que quería que las pasen al penal y lo reclamaban porque ya tenían condena. El día miércoles yo hablé con Yanet, y me contó que Macarena había pedido una maquinita de afeitar y se la negaron, y también me contó  que una de las policías le había pegado una cachetada (dos semanas antes del fuego). La policía que me atendió ese día que le pegaron, me dijo que no podían atender el teléfono porque estaban ‘un poco castigadas’. Al otro día yo llamo y logro hablar con ella y me dice lo que pasó”.



La manera en la que viven las personas detenidas en lugares en donde las condiciones edilicias no son las adecuadas, revela no solamente el colapso del sistema penitenciario, sino que deja al desnudo la deshumanización que viven las personas que están en contexto de encierro, pues Yanet y sus compañeras de “celda” atravesaron inclusive a un hambre voraz:

“Un día ella me contó que estuvieron tres días sin comer, y que pidieron permiso para hacer fideos hervidos el día sábado, y les dieron ese permiso por suerte. No recibían visitas, solamente podían ir a dejarle ropa o cositas una vez a la semana, no la veíamos desde hacía siete meses. Desde que cayó detenida ahí nadie más la vio", le confiesa a eltucumano.

El reclamo de los familiares de Yanet, apunta directamente a la inacción de las fuerzas de seguridad cuando el fuego comenzó a arder, algo que no muchas personas conocen: “Estamos pidiendo justicia y preguntando ‘¿las guardiacárceles donde estaban?’ Porque ellas no llamaron a los bomberos. Un vecino dio una nota, dijo llamarse Raúl pero no dio el apellido, y contó que fue él quien llamó a los bomberos porque dijo que eran desgarradores los gritos de esas chicas, eso casi no se sabe, ni a los bomberos llamaron ellas”,

A pesar de que muchas veces se despersonaliza a quienes están atravesando una espera de juicio o condena en contexto de encierro, la prima de Yanet remarcó que en este plano, muchas personas esperaban y dependían de la joven: “Ella tenía un hijo de 5 años y un hermano especial, los dos estaban a cargo de ella, la madre falleció hace cinco años y el padre hace un año. El hermanito especial se queda con mi mamá, y el hijo con una hermana de ella”.



CLARÍN/LA VOZ DEL INTERIOR/EL TUCUMANO